Hace mucho tiempo desperté de la oscuridad.
Me encontré de repente recostado a la sombra de un árbol. Alrededor mío se encontraban individuos con rostros extraños.
Miraba como se movía la extremidad inferior de su rostro, decían cosas ininteligibles para mí en aquellos tiempos.
Dos de ellos me tomaron entre sus brazos y me llevaron al centro de la explanada, allí me sentaron en un sillón, pues yo me sentía muy agotado y el sudor corría por mi frente.
Mire hacia arriba y vi un cielo rojo con nubes grises, nunca lo olvidare, pues sentía como si esa imagen fuera parte de mi, como si yo hubiese provenido de aquella lejanía, imposible de volver a ella.
Sentí algo en mis pies, mire de reojo y los trate de mover, pero estaban cubiertos de una arena fina y blanca, toda la explanada estaba repleta de arena.
Me sentía agotado y aquellos individuos se dirigían a mí con sus miradas y sonidos extraños. A lo lejos, vi un color diferente al de los seres que estaban alrededor mío, eran otros de la misma especie, pero vestían con túnicas moradas, contrarias al blanco del que gozaban los que estaban a mi lado. Eran rectos, tenían su mirada fija en mí y yo a causa del peso de mi cabeza baje la mirada, quedando mi vista fija en mis pies.
Pronto quedo mi mente en la oscuridad de nuevo y los sonidos se alejaron de mi mente.
Cuando volví a despertar, me encontraba al lado de una fogata, esa figura roja que emitía energía cálida y armoniosa fue gustosa de mis sentidos, quise tocarla, pero al instante un ser, me hizo señas para no hacerlo.
Me enseñaron lo que era el tiempo y el espacio, como apoderarme de los Krags, que eran unas criaturas que salían de la arena de vez en cuando, de ellas nos alimentábamos, mientras crujía el cascaron que cubría sus órganos. Siempre pensé que ese "crujir" era lo que me daba energías para vivir.
Nos alimentábamos, salían más seres como yo del árbol en ciertas épocas del año, le dábamos la bienvenida y pronto cazaba como nosotros, vivíamos bien, pero a veces los Dunts (La especie que somos) se peleaban porque unos querían cosas de otros.
Es una característica de los Dunts: les gusta mucho los objetos materiales, matan y mueren por ellos.
En lo personal a mi no me atraen nada, me basta con la túnica blanca que porto, aunque algunas veces me gustaría tener la verde, que es la que usa los Dunts que nos miran desde los pilares del Coliseo.
Pero más que nada, me gustaría saber porque me encuentro aquí, muchos de los Dunts se olvidan de preguntarse de donde provienen, y se lisonjean por tener cosas materiales, no les importa saber cuál fue su origen.
Algunos, para manipular a los Dunts crearon historias sobre un ser omnipotente que creo al Coliseo con sus propias manos para tenerlos allí, y darles la gracia de vivir. Muchos creen que es cierto, pero algo me dice que no lo es. También se dice que los verdes tenían la verdad en su mente.
Algunos de los nuestros, los blancos, escribían historias y novelas sobre nosotros, a la mayoría les gustaban las novelas porque eran ficción a final de cuentas, aunque ciertos personajes llegaban mas allá de la ficción y se hacia un poco filosófica.
Se hacían representaciones teatrales en una pequeña marimba que construíamos en cierta época y nos contentábamos mucho con ir.
Aquellos que se atrevieron a escribir sobre nosotros, los hicieron verdes, ya que sus ideas ayudaron a conocernos por medio de otros caminos. Algunos llegaron hasta ser morados.
Así, humildes como se les veía en la arena, ya se les vería con su aire orgulloso arriba de nosotros, aunque alguno de ellos a veces nos saludaba.
De vez en cuando, a los verdes, se les caía su libreta de anotaciones, pues siempre nos miraban desde arriba y me di cuenta, a través de sus escritos, lo que pensaban de nosotros: nuestras formas de organización, "cultura", fiestas, ritos, creencias, etc.
Me di cuenta que sabían mucho y que tenían métodos para organizar sus proyectos de conocimiento.
Comencé a hacer gracias para aquellos espectadores, y algunos de ellos me aventaban su libreta, rápidamente las cogía y me iba corriendo a leer lo que habían escrito.
Aprendí más y más cosas: el cuerpo, la mente, lo social, alimentación, etc.
Llegaron los días en que mi mente pedía ser algo en la vida, seguir en la arena, tratar de subir a las gradas y con ello aspirar a algo "mejor" o ¿Qué hacer?
Llego un día en que me encontraba en la arena con unos Dunts, no pasaba nada en particular, pues yo solo leía una libreta recién tomada, cuando oír el cerrar de las rejas.
Solo entendí que era el momento en que me vería frente a frente con el gran "animal", ese que dejaban salir de vez en cuando, ese "mal necesario" del que tanto hablaban los verdes, así que decidí confrontarlo.
Juntos éramos cinco contra la bestia, tomamos nuestras armas y arremetimos contra ella después de habernos rugido varias veces.
El ruedo duro mucho tiempo, ninguno de nosotros lograba acercársele, y ella solo esperaba imponiendo su grandeza. Le mire los ojos a la bestia, a los verdes, morados y los de mis compañeros.
Trate de ver los míos a través del pensamiento, pero me encontraba en esas situaciones en las que todo pasa rápido y tiempo después quieres remediarlo con una fácil solución. Oí un gemido.
La Bestia había arremetido contra uno de mis compañeros, murió al instante, esas garras eran muy largas y fuertes.
Me puse en guardia, pues de reojo nos miraba a los demás. Recordé la caza que le dábamos a los Krags, si, esos monstruos salidos de la arena, ver salir su cabeza llena de pelambré mientras mis flechas esperaban impacientes su punto vulnerable.
Las primeras veces sentí asco al comerme a ese monstruo: su carne roja, llena de sangre negra, y quitarle una por unas sus espinas para no cometer el error de envenenarme a mi mismo.
Nunca me había puesto a pensar en porque, aun sabiendo que las mataríamos, seguían saliendo a la superficie. Supongo buscaban algo que nosotros también buscamos en el cielo rojo que día a día se pone encima de nosotros, puede ser que algún día muera por buscar lo desconocido, pues ¿Qué es morir?
Mato a otro de los nuestros: simplemente le abrió el estomago y vi como salían sus órganos enfrente mío. Sentí repugnancia, pues los verdes escribían en sus libretas más rápido, ¿Cómo podían simplemente ver sin hacer nada al respecto?
Me comencé a enfadar y no sabía contra quien desquitar mi furia, a pesar de todo la bestia no tenía la culpa de que la hubiesen metido con nosotros, pero o mataba o moría, ¿Qué hacer?
Quedábamos tres y uno de ellos nos hacía señas a los dos para acercarnos y luchar al mismo tiempo, pero yo no mataría a la bestia, no tenia porque, para que vivir si iba a estar destinado a satisfacer las voluptuosidades de otros individuos.
De repente enfrente de mí, al otro lado de la arena, bajo una escalera mire su destinatario y allí estaba un sujeto verde mirándome fijamente. Mis compañeros también miraron, y ese descuidar le costó la vida a uno de ellos. No lo pensé más, y decidí correr hacia la escalera que se me tendía.
Al llegar a ella, mi compañero me alcanzo el pie y me bajo del impulso de su brazo mientras la bestia nos acometía. De un salto logre esquivarla, mas al caer me lastime el tobillo. Mi compañero también había logrado escapar, gritándome que no lo abandonara, que no fuese cobarde, "tratándome de alentar" frente a un enemigo que ni siquiera sabía lo que hacía.
Yo con todas las ganas que pude, logre alcanzar de nuevo la escalera y subir junto a los verdes, allí, ellos me "acogieron".
Después de haber estado mucho tiempo en una habitación donde un medico me alivio las pocas, pero graves heridas que me produjo aquel encuentro, me invitaron por fin a las gradas.
Estaba ansioso por conocimiento, por leer lo que ellos habían escrito en las libretas, en saber más sobre los morados, sus antepasados etc., para saber más sobre los Dunts, pues aun no lograba saber quiénes eran y porque estaban allí.
Antes de salir, me vistieron con la túnica verde, aunque esta era verde claro, indicio de los "iniciados".
Pregunte por las libretas, pero no recibí respuesta, solo miradas orgullosas obsequiándome una.
Poco a poco conocí el método del cual ellos se servían, el método de observación, análisis, hipótesis y resultados, resumiendo lo demás.
Tenía que llevar paso por paso, metódicamente el objetivo de mi investigación, criticando lo que los demás escribieran en sus libretas, así como "aprender" lo que ellos dijesen de mis escritos.
La manera me pareció adecuada para estudiar algo que no era lo propio, pero si no era lo propio ¿para qué estudiarlo? A final de cuentas, íbamos a salir del coliseo (muerte) sin libretas, sin túnicas y sin compañía.
Un día, acabando las apuntaciones de a diario, me di una vuelta buscando una escalera que me llevara a la cima, mas no la encontré.
Pero tenía algo que los demás verdes no tenían: fuerza y agilidad, pues mientras estuve en la arena me enseñaron a ejercitar mi cuerpo.
Como pude me trepe a un pilar con mis brazos, poco a poco subí, ayudándome con los brazos y pies. Me gritaban que me bajara, que no podía agredir la voluntad del ser omnipotente, que me reprenderían por lo que estaba haciendo, pero esas palabras me ayudaron a subir mas y mas, hasta que al final lo conseguí: llegue a la cima del coliseo.
Todo quedo en un silencio absoluto, los blancos me gritaban preguntando qué es lo que veía, los verdes guardaban silencio y los morados de pie, me miraban indiferentes.
¿Qué es lo que mire?
A lo lejos pude distinguir más coliseos iguales que el que habitaba, algunos más chicos, otros más grandes, otros con una forma un poco diferente, otros parecidos, unos derrumbados y uno de ellos en realidad muy lejano, si lo vi es porque era enorme.
En el suelo habían picos levantados hacia arriba, los más cercanos un poco ensangrentados, rastros de túnicas verdes desgarradas, atrapadas por algunos arbustos que estaban por allí. Una caída era mortífera, era imposible bajar a menos que quisiera uno suicidarse.
Entre la inmensidad llegue a encontrar un pedazo de tela morada, ¿qué es lo que realmente pasaba con estos tipos?
Me recosté allí mismo y pude admirar el cielo en toda su complejidad, así como lo había visto alguna vez, tenía ganas de llorar y si, me salió una lagrima.
Me pregunte como podría salir del coliseo sin la necesidad de morir en el intento, y me vinieron a la mente las letras de un verde que se convirtió en morado por su "inteligencia" que ya había muerto hace tiempo: "Cualquier Dunt que sea racional, sabrá que su pensamiento esta determinado desde el momento que nace en el árbol de la vida, pues su frágil mentalidad no puede ir mas allá de lo que todos los Dunts infiramos de él".
Tenía razón, todo mi pensamiento estaba determinado por lo que ellos dijera de mí, por sus anotaciones, vida en la arena, sus miradas, todo, absolutamente todo.
Pero... no por ello me quedaría sin la oportunidad de "usar" mi cerebro, pues si lo tenía era para algo, aunque estuviese más que determinado. Además, considero que no solo mi razón me mueve, tengo algo más que algunos no tienen: Voluntad.
Yo tengo la voluntad de elegir mi camino, sea malo o bueno, sea cual sea, mi voluntad es la que manda, ¿estará determinada también? Puede ser, por los ideales que he conocido pero no deja de ser mía.
Pensé sobre esto porque quería flotar, mas esas ideas no me dejaban ir, y las trate de combatir con mi espíritu, pues si existe, aunque algunos verdes digan que no, eso no es algo que se aprenda, se siente y compadezco a los Dunts que no lo hacen, es algo que no es fácil describir, pues "no lleva un método".
Lo siento por ellos.
También, al ver el cielo en toda su inmensidad, me di cuenta que esa "inmensidad" era por algo, pues no hay que buscar donde es obvio que no se encontrara nada, en ese infinito no hay nada, mejor deberíamos buscar mas al fondo, en los suelos del coliseo.
Concluí que los verdes y morados sabían mucho sobre el coliseo, su pasado, presente y tal ves futuro, su forma de gobernarlo, de darle "vida" de conocer muchas cosas sobre los blancos, pero ¿sabían algo sobre ellos mismos?
Ellos, al igual que los blancos, llegaron al coliseo sin saber de donde provenían, y en su pretendido conocer de los Dunts se olvidaron que ellos también lo eran, y que vivían en el mismo tiempo y espacio.
¿Quién conoce a quien?
Se abrió una portezuela que daba acceso adonde estaba yo y subieron cinco verdes, me tomaron por los brazos y me llevaron con los morados.
Estos, con aire irónico, me dijeron que sufriría varios castigos por el atrevimiento del que fui participe, además de no poder volver a la arena para visitar a los blancos, pues ellos no debían saber lo que mis ojos habían mirado.
Les conteste que aceptaba la condena con la condición de que me dijeran que era lo que había allá afuera.
Me dieron muchas vueltas a la cabeza con sus postulados y teorías, pero nunca llegaron a decirme cual era nuestro origen y el porqué de nuestra existencia, aun así, tenían un aire orgulloso en sus palabras.
Uno de ellos me dijo que algunos, por aspirar al conocimiento y sentirse frustrados al ver lo estúpido y miserable que era la vida, optaron por salirse del coliseo, aventándose hacia afuera, olvidando sus "ideales" y creencias.
No siempre el conocimiento es bueno para mentes propensas a la locura.
Fue lo único rescatable que me dijeron. No volví a verlos, me golpearon, "humillaron" y encarcelaron en una celda absolutamente oscura, viviendo solo de trozos pequeños de Krags.
Es allí donde conocí el silencio.
Ese medio por el cual conocí mi camino hacia el interior de mi alma y espíritu.
Hacia flexiones con mi cuerpo, aprendía a conocerlo, así como a mirar en la oscuridad, mi imaginación abría mundos enteros y no tenía necesidad de estar con alguien, pues esa necesidad es para los que no les gusta estar consigo mismos, al menos para mí no lo es.
El vigilante de mi celda un día dejo una pequeña nota debajo de mi puerta, decía: "Hay otra salida".
No hice caso, pues no me interesaba lo que pasara en el exterior, yo ya había cumplido mi "objetivo" allá afuera.
Días después, se abrió la puerta y entro un monje, tenía la túnica blanca un poco desgarrada, pero el capote oscuro no la hacía muy visible.
Me tomo de la mano llevándome por varios túneles, en la otra llevaba un candelabro alumbrando un poco las instalaciones. De vez en cuando bajando escaleras, después de mucho caminar me susurro al oído:
Tienes razón, no hay que buscar afuera, si no, adentro. En el coliseo es un poco parecido, al cielo déjalo ser, aquí abajo conocerás nuevas ideas.
Alumbro el suelo y allí había una apertura en donde se encontraban unas escaleras muy oxidadas y viejas.
Me señalo el camino, sus ojos brillaron y lagrimas salieron por mis ojos, estaba indeciso pero al final me decidí a bajar... a la verdadera vida.